El miedo y las fobias

Escrito por Miguel Angel Ruiz Gonzalez en Artículos sobre la ansiedad el día 30-11-2010

Existe una tendencia a considerar el miedo como algo negativo, esto ocurre porque su manifestación va acompañada de sensaciones algo molestas como pueden ser aceleración cardíaca, respiración agitada, etc., también se da al mismo tiempo un pensamiento, una representación interna del peligro al que estamos expuestos, como por ejemplo “me voy a matar, me va a dar algo, me puede hacer daño…”. A pesar de todo eso, se trata de una emoción saludable en la medida en que prepara nuestro organismo para reaccionar ante el peligro que nos acecha, o evitar la circunstancia peligrosa en la que nos podemos ver envueltos, es decir, el miedo sería lo que pensamos, el cómo valoramos la situación, más la reacción que produce nuestro cuerpo para prepararnos para luchar o huir.

Otra cuestión es cuando éste, el miedo, llega a tal intensidad que puede paralizarnos, o bien que la circunstancia temida, objetivamente no encierre peligro, como por ejemplo montar en un vehículo, subir en un ascensor, salir de casa, etc., si además la persona lleva un tiempo evitando esa situación y esa evitación interfiere una vida normal, y todo ello va acompañado de un grado considerable de sufrimiento, en este caso podemos decir que nos hayamos ante una fobia.

De todas las maneras, una de las diferencias entre miedo y fobia se daría, aparte de por la ausencia de peligro objetivo, por la instauración de la conducta de evitación. Por ejemplo, supongamos que una persona tiene un percance en un ascensor, como quedarse encerrado o una caída, lo más probable es que la próxima vez que vaya a montar sienta miedo o una cierta inquietud, pues bien si a pesar del miedo sube y repite esta acción siempre que lo precisa, el miedo -y no fobia-, se irá disipando, pero en el caso contrario, si por la inquietud o miedo que siente, decide no subir en ascensor y sí hacerlo por las escaleras, automáticamente se calmará, esta calma será un refuerzo positivo, un premio a la conducta de no montar y hemos de saber que toda conducta seguida de un refuerzo positivo tiende a aumentar su frecuencia, a repetirse. Por otro lado si sube andando tendrá que justificarse a sí mismo el por qué lo hace, por lo que la idea de que hay un gran peligro en los ascensores, irá cobrando más y más fuerza en la medida que se vayan repitiendo las evitaciones, por este camino sí que se produce lo que llamamos fobia.

El tratamiento consistirá en el afrontamiento de la circunstancia temida, que en el ejemplo anterior sería viajar en el ascensor. Esto lo podemos hacer de dos maneras, que serían la inundación -técnica que no se utiliza más que en aquellos casos en que la fobia está empezando y estamos absolutamente seguros de la posibilidad de afrontar lo temido por parte de la persona-, o la desensibilización sistemática.

La inundación sería enfrentarle sin más dilación a lo temido, por ejemplo hacerle subir en ascensor diez pisos y repetirlo hasta acabar con toda o casi toda inquietud. La desensibilización consistiría en desgranar la meta objetivo -por ejemplo viajar 10 pisos- en submetas, como por ejemplo, el primer día llamar al ascensor, abrir la puerta y entrar sin que llegue a cerrarse, el segundo día lo mismo y permanecer dentro unos segundos, luego subir un piso, etc., hasta llegar al objetivo.

Si la fobia es tan incapacitante como para no poder realizar el más mínimo enfrentamiento, estaría aconsejada la desensibilización sistemática imaginada, que es una técnica en la que la persona previamente a la realidad de subir en ascensor, vive mentalmente la situación temida en estado de relajación y de forma gradual, o sea en varios días y poco a poco, siempre empezando por algo fácil para así llegar a lo más temido -los diez pisos-. Para ello habría que enseñar a la persona relajación, y esto es aconsejable en cualquier fobia e independiente del tipo de tratamiento -de los indicados-, que se vaya a poner en marcha.

Otro aspecto importante de la terapéutica es la realización de terapia cognitiva, que sería la técnica que lleva a la persona a la determinación de aquellos pensamientos que acompañan la situación temida, lo que llamamos lenguaje interno y el conocimiento de la influencia de dichos pensamientos en lo que siente, sea pánico, tristeza, etc. Esto es muy importante, ya que lo que pensamos , la forma concreta de hacerlo, las palabras, imágenes, que tenemos o nos decimos a nosotros mismos, son las que producirán la emoción y dependiendo de ésta, de lo que sintamos más o menos intensamente, actuaremos. A modo de ejemplo y siguiendo con el ascensor, una persona con fobia, ante la puerta del ascensor podría pensar: “seguro que me quedo encerrado…”, “mira que si se cae o me desmayo…”, etc., pensando de este modo, y especialmente sin darse cuenta de ello y de su influencia, lo más normal es que se ponga muy nervioso y que opte por subir por las escaleras. Por tanto, la terapia cognitiva, sería un aspecto relevante a contemplar en todos los trastornos de índole neurótica, es decir, en los trastornos en los que se sufre más de lo que objetivamente merecen las circunstancias. Conocer el contenido de estos pensamientos, nos va a dar datos importantes sobre el por qué sufre la persona -insistimos en que una característica relevante de las fobias es lo irracionales que son, por consiguiente habrá que conocerlos-, a estos pensamientos los llamamos pensamientos negativos, no porque produzcan y mantengan una emoción negativa, como ira, tristeza, o miedo, sino porque suelen ser falsos o inútiles, aunque nos los estemos creyendo con toda rotundidad. En el análisis de estos pensamientos, identificaremos el tipo de error o errores de pensamiento que comete la persona y entonces le podremos ayudar a racionalizar y a aplicar recursos para modificarlos, o al menos para que no actúe evitando afrontar lo temido, ya que será la experiencia exitosa la que producirá la modificación definitiva del pensamiento negativo.

Para concluir diremos que las fobias, con un tratamiento integral de terapia cognitiva, relajación y desensibilización sistemática o autoexposición, tienen muy buen pronóstico, lógicamente si la persona es guiada por un profesional que previamente estudiará su psicología, para después diseñar un plan específico de tratamiento adecuado a su problemática concreta.

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