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Terapia Breve Estratégica

¿Por qué nos cuesta acudir a terapia cuando tenemos un problema? Algunas de las respuestas suelen ser: no tengo tiempo, necesito soluciones rápidas o no quiero rememorar un pasado doloroso.

La Terapia Breve Estratégica rompe con todas estas creencias sobre lo que supone realizar un tratamiento psicológico y por ello, se está revelando como una de las terapias más solicitadas por aquéllos que desean cambios rápidos y que se mantengan en el tiempo.

Terapia Breve Estratégica: cómo solucionar mis problemas de ansiedad en poco tiempo

Son muchas las personas que en algún momento de su vida se han planteado realizar una terapia psicológica para tratar de encontrar solución a su problema de ansiedad. Pero son muchas también las personas que nunca llegan a dar el paso de iniciar un tratamiento terapéutico principalmente debido a tres razones:

  • La persona no dispone de mucho tiempo y considera que una psicoterapia requiere la dedicación de, al menos, una hora semanal.
  • La persona presenta un problema que necesita cambios o soluciones relativamente inmediatos y piensa que el proceso terapéutico de cambio será largo.
  • La persona piensa que dicho proceso requiere de la indagación en el propio pasado en busca de la causa del problema, pasado que en ciertos casos es muy doloroso y la persona no desea pasar por ese trance.

La Terapia Breve Estratégica (TBE) rompe con todas estas creencias sobre lo que es y lo supone realizar un tratamiento de psicoterapia.

Una de las primeras cosas que sorprende a la persona que por primera vez realiza una TBE es que este método no establece un tiempo determinado de intervención en las sesiones. Es decir, la sesión no tiene un tiempo fijo de 50-60 minutos, sino que este es un aspecto flexible y la sesión dura el tiempo necesario para descubrir cómo está funcionando el problema y dar las prescripciones indicadas al paciente. Asimismo, la frecuencia de las sesiones tampoco es siempre semanal, sino que en muchos casos, el tipo de problema exige que entre sesión y sesión haya un espacio de tiempo mayor, con una frecuencia de las citas quincenal.

Por otro lado, respecto a la duración de la terapia, sorprende que con esta metodología, los primeros signos de mejora empiezan a verse de manera muy temprana, incluso en casos de trastornos muy enraizados y que persisten desde hace años. De hecho, uno de los acuerdos a los que se llega en la primera sesión con el paciente de TBE es que si en diez sesiones no se ha producido ningún cambio, se interrumpe la terapia, ya que de lo contrario, el terapeuta estaría convirtiéndose en cómplice del problema del paciente y no tendría sentido dilatar durante más tiempo una intervención que no está logrando sus objetivos.

Por otra parte, muchas personas tienen reticencias a iniciar un tratamiento psicológico porque creen que el terapeuta indagará sobre su pasado tratando de encontrar la causa de su problema. En la TBE no importa la causa del problema, lo que lo originó, sino la manera en que el problema está funcionando en la actualidad, por lo que el terapeuta no necesita recopilar datos sobre la historia del paciente ni explorar sobre situaciones desagradables para él. No obstante, no cabe duda de que si el terapeuta breve estratégico percibe en el paciente la necesidad de éste en ahondar en ciertos temas y hablar sobre ellos, favorecerá el espacio y el clima necesarios para ello como una herramienta terapéutica más.

¿Cómo lo consigue?

La mejor manera de explicar cómo funciona la TBE es a través de un pequeño cuento [1]: se dice que durante el medievo un estratega militar chino era huésped de un príncipe europeo. Durante su estancia tuvo la oportunidad de participar en uno de los torneos caballerescos que en aquélla época tenían lugar. El sabio estratega chino preguntó al príncipe en qué consistía la contienda. Éste le explicó la sencilla regla: cada uno de los príncipes ponía en liza a sus tres mejores campeones, que se habrían desafiado: el equipo que ganase más enfrentamientos sería el vencedor.

El maestro chino meditó durante un momento y le sugirió al príncipe lo siguiente: “Querido amigo, permíteme un consejo: haz combatir a tu tercer campeón con su primer campeón, a tu primero con su segundo y a tu segundo con su tercero. Perderás el primer enfrentamiento pero ganarás los otros dos”. Y así fue. Esta historia nos muestra como un problema en principio complicado, puede resolverse con éxito y en poco tiempo utilizando una estrategia adecuada.

Cuando una persona se encuentra ante una dificultad, problema o malestar personal, relacional o profesional, lo primero que hace para resolverlo es poner en marcha una estrategia que le parece adecuada y que ya le ha resultado útil en el pasado para solucionar una situación similar. Si esto funciona, la dificultad se resuelve pronto. Pero a veces, la estrategia elegida no funciona como esperábamos y lo que ocurre es que lo seguimos intentando una y otra vez porque pensamos que tiene que funcionar, porque nos parece lógico que sea así. Pero cuanto más usamos esa estrategia ineficaz, la dificultad no sólo no se resuelve, sino que tiende a complicarse llegando a convertirse en un problema de mayor envergadura.

Es decir, las «soluciones intentadas» llevadas a cabo por la persona y por las personas que le rodean para intentar resolver el problema acaban por alimentarlo haciendo que este persista. Es innegable que en muchas ocasiones con la mejor de las intenciones se consigue el peor de los efectos.

A menudo, la persona reconoce que su estrategia para solucionar el problema no es funcional pero, a pesar de ello, no consigue hacer otra cosa, desarrollando así una profunda desesperanza en la posibilidad de un cambio o una mejora de su situación problemática.

Romper el círculo

El terapeuta estratégico se focaliza desde el principio de la terapia en romper este círculo vicioso que se ha establecido entre las soluciones intentadas y la persistencia del problema, trabajando sobre el presente más que sobre el pasado, sobre «cómo funciona» el problema más que sobre «por qué existe», sobre la búsqueda de las «soluciones» más que sobre las «causas».

Para ello, la intervención estratégica es de tipo activo y prescriptito. Es decir, el terapeuta prescribe al paciente en cada sesión una serie de tareas que éste deberá llevar a cabo en el tiempo transcurrido entre las sesiones, por lo que el paciente, a diferencia de lo que ocurre en otras terapias psicológicas, tiene un papel protagonista por su gran implicación en el proceso de cambio. Esto a su vez, hace que el tratamiento le resulte más interesante al paciente e incluso podría decirse que divertido, ya que cada semana desde la primera sesión, la persona va haciendo nuevos descubrimientos sobre sus capacidades de cambio, lo cual resulta realmente sorprende y satisfactorio.

¿Qué trastornos de ansiedad tratamos con La Terapia Breve Estratégica (TBE)?

  • Ataques de pánico.
  • Agorafobia.
  • Ansiedad generalizada.
  • Fobia social.
  • Trastornos de estrés postraumático.
  • Fobias específicas (de animales, objetos, situaciones…).
  • Obsesiones.
  • Compulsiones.
  • Hipocondría.

[1] Cuento extraído de El Arte de la Estratagema de Giorgio Nardone.

Autora: Natalia González Hidalgo
M-20.403
www.elcentro4.com

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