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Taller para superar la ansiedad

Taller Básico Intensivo de Relajación y Gestión emocional.

Tiene dos funciones:

  • Formar monitores especializados en el manejo de este área.
  • Superar uno mismo las crisis de ansiedad y gestionar nuestras propias emociones.

Se realiza en dos fines de semana consecutivos:

  • Sábado (16-21h) y domingo (9-21h).

Se entregará un título con el número total de horas realizado.

Lugar de realización: Leganes (Madrid).

Telefono de Contacto:

  • 607 426 069. Diana. Psicóloga.
  • 655 333 081 Mar. Coach.

El miedo

El miedo es un esquema adaptativo para la supervivencia y defensa de todos los seres vivos. Su respuesta es la lucha, la huída o la sumisión.

Cuando tenemos miedo la expresión facial se transforma, las pupilas se dilatan, los ojos y la boca se abren, el ritmo del corazón se acelera, así como la sudoración, nos sube la glucosa, la presión arterial, nos tiemblan las piernas, nos quedamos paralizados, rígidos, aunque sólo se trate de miedos imaginados.

El ser humano está lleno de miedos, quizás sea la respuesta afectiva mas frecuente, porque a diferencia de los demás seres vivos, tenemos muchos miedos inventados, imaginados, adquiridos, además de los miedos ante situaciones de amenaza real. Las falsas creencias, creencias que se toman tal cual sin mediar una reflexión o una indagación sobre a verdad de lo que nos cuentan, procuran miedo muy frecuentemente.

El miedo principal es a la muerte, o a la vida que viene a ser lo mismo. Ese miedo está a la base de muchas de nuestras conductas, aunque muchas veces se oculte a los demás o incluso a nosotros mismos. Lo transformamos en ira, violencia, control, complacencia y/o obediencia ciega.

Parece que en nuestra cultura esté prohibido al miedo, hasta le han cambiado el nombre. Le llaman ansiedad, angustia, estrés, en un intento de ocultarlo, como si pudiéramos pasar por la vida sin él. Muchas de las personas que tienen la tensión alta, o sufren de estrés o tienen problemas cardíacos, o el colesterol alto, están realmente muertas de miedo, aunque no sepan o no sepamos a ciencia cierta qué o quién se lo está provocando.

Y en contradicción con lo anterior, vivimos en una cultura del miedo. A través de los medios de comunicación se nos aterroriza con peligros presentes y futuros. Se exagera la realidad de tal manera que se convierte en un drama y el público lo toma como una verdad absoluta, otra vez sin reflexionar. Es la mejor manera de conseguir la dominación política y el control social.

El miedo comienza en la infancia. Los padres y tutores, mas o menos conscientemente, aterrorizan al niño innecesariamente, en un intento de controlarlo, de conseguir que hagan lo que los mayores quieren, mas por motivos egocéntricos (para que el niño no de la lata) que realmente para educarlo, acompañarlo.

Y toda vez que asustamos a un niño innecesariamente, le estamos mermando su autoestima, le estamos paralizando en su evolución, en el desarrollo de su inteligencia, pues el miedo le impide pensar y sentir libremente. Le estamos confundiendo. Ahí está la raíz de los miedos que nos acompañarán después de adultos, a lo largo de la vida. Esos miedos se quedan ahí fijados, se pueden convertir en neurosis, como las fobias, las obsesiones, la depresión, las compulsiones y otros muchos síntomas que tratamos constantemente en terapia.

Los seres humanos tenemos mucho miedo a perder y por más que hagamos, simplemente por efecto del envejecimiento vamos continuamente desprendiéndonos de cosas, personas y de la propia vida. No queremos perder al parchís y no queremos perder la vida, o la pareja, o los padres, o el negocio, o el puesto de trabajo. Solo queremos ser ganadores y la publicidad nos engaña diciéndonos que podemos conseguirlo.

Muchos de nuestros miedos se basan en proyecciones propias. El miedo al “que dirán”, como si uno pudiera saber lo que piensan los demás, el miedo a no estar “a la altura”, sin saber muy bien de que altura estamos hablando, el miedo al futuro, como si el futuro fuera siempre negro y lo pudiéramos conocer. El miedo a no ser aceptado, el miedo al abandono, el miedo a decir lo que uno piensa, el miedo a no cumplir con las expectativas del otro…. Estos miedos son el resultado de las vivencias infantiles, de si nuestros padres y tutores nos exigían demasiado, o nos rechazaban, o nos maltrataban, o nos sentíamos abandonados por ellos.

Esos miedos infantiles, en la madurez, se generalizan al resto de la población y se supone que los demás van a responder de la misma forma que lo hicieron nuestros padres o tutores y con las mismas reglas que tenían ellos. Como consecuencia de ello, muchas personas intentan adaptarse, o reprimir su espontaneidad, su naturalidad, en un intento ciego de adaptarse a los demás, pero lo único que consiguen es llenarse de mas angustia todavía.

También está el miedo a la propia “sombra” en términos de Jung. Tenemos miedo de no ser nuestro yo ideal, aquel que nos gustaría alcanzar, para que entonces nos sintiéramos seguros (en todo momento) y fuéramos aceptados (por todos, aunque nosotros no aceptemos a muchos). No queremos vernos por dentro, vaya a ser que descubramos actitudes o sentimientos que nosotros consideremos negativos o débiles. Es curioso como muchas personas le tienen miedo a tener miedo, pues eso les convertiría a sus propios ojos en cobardes.

El dolor también nos produce miedo, queremos pasar por la vida sin dolor. Otro absurdo. Desde el dolor real de la enfermedad física hasta el dolor emocional, es imposible no pasar por el dolor, y sin embargo muchas personas lo consideran una debilidad.

La represión del miedo trae como consecuencia, no sólo un miedo mayor, sino muchas enfermedades psicosomáticas, la necesidad imperiosa de control, la transformación del miedo en ira, en odio o en envidia. El reconocimiento del miedo nos ayuda a desdramatizar, nos impide convertirnos en personas frías y duras que aparentemente lo encajan todo, se atreven a todo, sin consecuencias.

Luego está la fascinación que produce el miedo. Las películas o espectáculos de terror, los deportes de alto riesgo, la montaña rusa u otros espectáculos de feria atraen a muchísimo público como si quisieran experimentar más miedo aún. ¿Será que resulta una sensación muy familiar o acaso es una forma de sentirse vivo en personas que tienen muy bloqueados sus sentimientos?

Nuestras mentes son muy poderosas y los miedos imaginados pueden tomar unas dimensiones extraordinarias. Después, cuando ese miedo se vivencia en la realidad, resulta ser en muchas ocasiones bastante mas llevadero y menor en sus dimensiones.

Nosotros, los profesionales de la psicología, no podemos ayudar al paciente cuando hay situaciones de miedo reales, si podemos sin embargo aliviar los miedos imaginados, la angustia, de modo que la persona pueda llevar una vida más placentera y sosegada.

Rocío G. Guitard

2010

Terapia Breve Estratégica

¿Por qué nos cuesta acudir a terapia cuando tenemos un problema? Algunas de las respuestas suelen ser: no tengo tiempo, necesito soluciones rápidas o no quiero rememorar un pasado doloroso.

La Terapia Breve Estratégica rompe con todas estas creencias sobre lo que supone realizar un tratamiento psicológico y por ello, se está revelando como una de las terapias más solicitadas por aquéllos que desean cambios rápidos y que se mantengan en el tiempo.

Terapia Breve Estratégica: cómo solucionar mis problemas de ansiedad en poco tiempo

Son muchas las personas que en algún momento de su vida se han planteado realizar una terapia psicológica para tratar de encontrar solución a su problema de ansiedad. Pero son muchas también las personas que nunca llegan a dar el paso de iniciar un tratamiento terapéutico principalmente debido a tres razones:

  • La persona no dispone de mucho tiempo y considera que una psicoterapia requiere la dedicación de, al menos, una hora semanal.
  • La persona presenta un problema que necesita cambios o soluciones relativamente inmediatos y piensa que el proceso terapéutico de cambio será largo.
  • La persona piensa que dicho proceso requiere de la indagación en el propio pasado en busca de la causa del problema, pasado que en ciertos casos es muy doloroso y la persona no desea pasar por ese trance.

La Terapia Breve Estratégica (TBE) rompe con todas estas creencias sobre lo que es y lo supone realizar un tratamiento de psicoterapia.

Una de las primeras cosas que sorprende a la persona que por primera vez realiza una TBE es que este método no establece un tiempo determinado de intervención en las sesiones. Es decir, la sesión no tiene un tiempo fijo de 50-60 minutos, sino que este es un aspecto flexible y la sesión dura el tiempo necesario para descubrir cómo está funcionando el problema y dar las prescripciones indicadas al paciente. Asimismo, la frecuencia de las sesiones tampoco es siempre semanal, sino que en muchos casos, el tipo de problema exige que entre sesión y sesión haya un espacio de tiempo mayor, con una frecuencia de las citas quincenal.

Por otro lado, respecto a la duración de la terapia, sorprende que con esta metodología, los primeros signos de mejora empiezan a verse de manera muy temprana, incluso en casos de trastornos muy enraizados y que persisten desde hace años. De hecho, uno de los acuerdos a los que se llega en la primera sesión con el paciente de TBE es que si en diez sesiones no se ha producido ningún cambio, se interrumpe la terapia, ya que de lo contrario, el terapeuta estaría convirtiéndose en cómplice del problema del paciente y no tendría sentido dilatar durante más tiempo una intervención que no está logrando sus objetivos.

Por otra parte, muchas personas tienen reticencias a iniciar un tratamiento psicológico porque creen que el terapeuta indagará sobre su pasado tratando de encontrar la causa de su problema. En la TBE no importa la causa del problema, lo que lo originó, sino la manera en que el problema está funcionando en la actualidad, por lo que el terapeuta no necesita recopilar datos sobre la historia del paciente ni explorar sobre situaciones desagradables para él. No obstante, no cabe duda de que si el terapeuta breve estratégico percibe en el paciente la necesidad de éste en ahondar en ciertos temas y hablar sobre ellos, favorecerá el espacio y el clima necesarios para ello como una herramienta terapéutica más.

¿Cómo lo consigue?

La mejor manera de explicar cómo funciona la TBE es a través de un pequeño cuento [1]: se dice que durante el medievo un estratega militar chino era huésped de un príncipe europeo. Durante su estancia tuvo la oportunidad de participar en uno de los torneos caballerescos que en aquélla época tenían lugar. El sabio estratega chino preguntó al príncipe en qué consistía la contienda. Éste le explicó la sencilla regla: cada uno de los príncipes ponía en liza a sus tres mejores campeones, que se habrían desafiado: el equipo que ganase más enfrentamientos sería el vencedor.

El maestro chino meditó durante un momento y le sugirió al príncipe lo siguiente: “Querido amigo, permíteme un consejo: haz combatir a tu tercer campeón con su primer campeón, a tu primero con su segundo y a tu segundo con su tercero. Perderás el primer enfrentamiento pero ganarás los otros dos”. Y así fue. Esta historia nos muestra como un problema en principio complicado, puede resolverse con éxito y en poco tiempo utilizando una estrategia adecuada.

Cuando una persona se encuentra ante una dificultad, problema o malestar personal, relacional o profesional, lo primero que hace para resolverlo es poner en marcha una estrategia que le parece adecuada y que ya le ha resultado útil en el pasado para solucionar una situación similar. Si esto funciona, la dificultad se resuelve pronto. Pero a veces, la estrategia elegida no funciona como esperábamos y lo que ocurre es que lo seguimos intentando una y otra vez porque pensamos que tiene que funcionar, porque nos parece lógico que sea así. Pero cuanto más usamos esa estrategia ineficaz, la dificultad no sólo no se resuelve, sino que tiende a complicarse llegando a convertirse en un problema de mayor envergadura.

Es decir, las «soluciones intentadas» llevadas a cabo por la persona y por las personas que le rodean para intentar resolver el problema acaban por alimentarlo haciendo que este persista. Es innegable que en muchas ocasiones con la mejor de las intenciones se consigue el peor de los efectos.

A menudo, la persona reconoce que su estrategia para solucionar el problema no es funcional pero, a pesar de ello, no consigue hacer otra cosa, desarrollando así una profunda desesperanza en la posibilidad de un cambio o una mejora de su situación problemática.

Romper el círculo

El terapeuta estratégico se focaliza desde el principio de la terapia en romper este círculo vicioso que se ha establecido entre las soluciones intentadas y la persistencia del problema, trabajando sobre el presente más que sobre el pasado, sobre «cómo funciona» el problema más que sobre «por qué existe», sobre la búsqueda de las «soluciones» más que sobre las «causas».

Para ello, la intervención estratégica es de tipo activo y prescriptito. Es decir, el terapeuta prescribe al paciente en cada sesión una serie de tareas que éste deberá llevar a cabo en el tiempo transcurrido entre las sesiones, por lo que el paciente, a diferencia de lo que ocurre en otras terapias psicológicas, tiene un papel protagonista por su gran implicación en el proceso de cambio. Esto a su vez, hace que el tratamiento le resulte más interesante al paciente e incluso podría decirse que divertido, ya que cada semana desde la primera sesión, la persona va haciendo nuevos descubrimientos sobre sus capacidades de cambio, lo cual resulta realmente sorprende y satisfactorio.

¿Qué trastornos de ansiedad tratamos con La Terapia Breve Estratégica (TBE)?

  • Ataques de pánico.
  • Agorafobia.
  • Ansiedad generalizada.
  • Fobia social.
  • Trastornos de estrés postraumático.
  • Fobias específicas (de animales, objetos, situaciones…).
  • Obsesiones.
  • Compulsiones.
  • Hipocondría.

[1] Cuento extraído de El Arte de la Estratagema de Giorgio Nardone.

Autora: Natalia González Hidalgo
M-20.403
www.elcentro4.com

El poder del ahora

«El Ser es la Vida; una, eterna y siempre presente, que está más allá de las miles de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo está más allá sino que también está profundamente dentro de cada forma de vida, constituyendo su esencia más invisible e indestructible. Esto significa que puedes acceder al Ser ahora mismo, porque es tu yo profundo, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de asirlo con la mente, no intentes entenderlo. Sólo puedes conocerlo cuando la mente se aquieta, cuando estás plena e intensamente presente en el Ahora. Recuperar la conciencia de Ser y permanecer en ese estado de «sensación-realización» es lo que es la Iluminación.»

Eckhart Tolle

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Guía de Trastornos de la Ansiedad

Guía de Trastornos de la Ansiedad está dirigida a profesionales psiquiatras, residentes y estudiantes del campo de la medicina. Es una guía que nos hace un recorrido a través de los diferentes trastornos que podemos encontrarnos y el estudio de los mismos, actuando a su vez como libro de consulta y recordatorio de concetos profesionales.

Trata temas como los trastornos de ansiedad generalizada, gran diversidad de fobias o los trastornos de estrés posttraumático, entre otros. Todo ello a través de la evaluación de las patologías y mediante la realización de diagnósticos profesionales.

Autores: Hollander, E. y Simeon, E.D.

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Ansiedad para Dummies

Ansiedad para Dummies es un libro escrito con el lenguaje cotidiano para leerlo sin entrar en detalles técnicos, de una manera amena, práctica y entendible por todos. Es una guía de referencia que nos permite identificar tres objetivos claros: identificar y conocer la ansiedad, mostrar los tipos de ansiedad que podemos encontrarnos y aprender a vencerla.

Nos muestra una serie de conductas que sirven para combatir la ansiedad y finaliza con la exposición de tres decálogos resumen aplicables en nuestras vidas.

Autores: Charles Elliott y Laura Smith

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Transpiración

La transpiración es la evaporación del agua de un ser vivo. Generalmente está controlada por procesos fisiológicos.

En los animales y personas la transpiración tiene lugar a través de la piel, sobre todo a través de los poros. En los mamíferos es el proceso que permite regular la temperatura corporal.

La transpiración es lo que, conmumente, llamamos sudor.

Taquipnea

La taquipnea es una respiración más acelerada de lo normal que suele producirse en los recién nacidos. Un valor por encima de las 60 respiraciones por minuto en un recién nacido puede considerarse taquipnea.

Este aumento de la frecuencia respiratoria es producido por la ausencia de frecuencia cardiáca, agravado por el aumento de la presión venosa pulmonar y el volumen circulatorio pulmonar.

Taquicardia

Incremento del ritmo cardíaco. Podemos considerar una situación de taquicardia cuando la frecuencia cardíaca supera los 100 latidos por minuto (lpm) en situación de reposo. Cuando este número es alcanzado durante la ejecucuión de una actividad deportiva, se considera un ritmo normal.

La taquicardia no se trata de una enfermedad, por lo que las personas que la sufren pueden llevar una vida normal, aunque sí acorta la vida del corazón ya que éste debe realizar un trabajo mayor por el exceso de latidos.

La taquicardia suele darse más en las mujeres que en los hombres, y puede ser causado por factores como el tabaquismo, el alcoholismo o las drogas.

Algunas de las causas más frecuentes de la taquicardia pueden ser, por ejemplo: la depresión, la insuficiencia renal, infecciones en algún órgano, o el nerviosismo. Suele deberse al estrés si la taquicardia aparece esporádicamente, pudiendo ser un síntoma de alguna enfermedad en caso de ser más continua.

Pérdida del conocimiento

La pérdida del conocimiento es un estado de inconciencia en el cual una persona es incapaz de responder a otras personas y a otros estímulos
a su alrededor. También se denomina coma o se dice que la persona está en estado comatoso.

Existen otros cambios a en el nivel de la conciencia que no provocan una pérdida del conocimeinto en la persona que los sufre. Estos cambios se denominan, en el ámbito de la medicina, «alteraciones o cambios del estado mental», e incluyen confusión y/o desorientación repentinas.

La pérdida del conocimiento y cualquier otro cambio del estado mental deben tratarse como una emergencia médica.

Para comprobar el estado mental de una persona podemos hacerle algunas preguntas simples como cómo se llama, qué día es hoy o cuántos años tiene. Si no lo sabe o responde incorrectamente, entonces su estado mental no es el adecuado.